En un mundo cada vez más preocupado por el cambio climático y la sostenibilidad, Jean-Marc Jancovici, un ingeniero y experto en energía y clima, ha logrado captar la atención de millones de personas, no solo a través de sus estudios y conferencias, sino también mediante una novela gráfica que ha tenido un éxito rotundo. Jancovici, quien se formó en física y química, ha dedicado gran parte de su vida a la investigación sobre el cambio climático, pero su entrada en el campo de la divulgación popular vino de una manera inesperada: con la colaboración con un autor de cómics, Christophe Blain.
El resultado de esta alianza fue el libro Le Monde sans Fin (El Mundo sin Fin), que no solo explica los principios fundamentales del cambio climático, sino que también aborda de manera accesible los desafíos que enfrentamos para abandonar los combustibles fósiles, sin dejar de lado las implicaciones sociales y económicas de esta transición. Desde su publicación en octubre de 2021, el libro se convirtió en un fenómeno editorial en Francia, vendiendo más de un millón de copias en 2022. Este éxito no solo se limitó a su país de origen, ya que, en 2022, también se publicó en español, extendiendo su impacto a una audiencia más amplia.
A través de este libro, Jancovici y Blain logran combinar la seriedad del cambio climático con la narrativa visual de una novela gráfica, un medio que puede llegar a un público más amplio y diverso. El hecho de que un tema tan complejo se pueda abordar de manera tan atractiva y directa ha generado un gran interés. La clave del éxito parece radicar en la habilidad del autor para hacer que un tema tan técnico y desafiante sea accesible, entretenido y comprensible para personas fuera del ámbito científico.

La visión de Jean-Marc Jancovici
Jean-Marc Jancovici es un hombre cuyo enfoque hacia la ciencia y la tecnología ha sido nada convencional. A pesar de no tener formación directa en ciencias medioambientales, su curiosidad insaciable lo llevó a convertirse en uno de los principales consultores y divulgadores en el ámbito del cambio climático. A lo largo de su carrera, Jancovici no solo ha influido en la política energética, sino que también ha ayudado a crear herramientas cruciales para medir y controlar las emisiones de gases de efecto invernadero, como su sistema de contabilidad de carbono, adoptado ampliamente por empresas en Europa.
Jancovici, quien empezó su carrera profesional en el mundo de las telecomunicaciones y la informática, redirigió su carrera hacia el estudio del cambio climático a finales de la década de los 90. Sin ninguna formación previa en la materia, su enfoque autodidacta lo llevó a hacer preguntas a científicos y a asistir a conferencias, donde descubrió un vacío en la divulgación del tema. Esto lo llevó a convertirse en un orador frecuente en conferencias sobre el cambio climático, cuyos vídeos en línea pronto se hicieron virales en Francia, ayudando a cimentar su posición como uno de los líderes de pensamiento en el ámbito climático.
A través de sus charlas, Jancovici logró abrir un debate en el público general sobre los desafíos y las soluciones al cambio climático. Con el tiempo, su creciente influencia atrajo la atención del autor de cómics Christophe Blain, quien, impresionado por su enfoque y claridad, lo invitó a colaborar en una novela gráfica. Lo que comenzó como una charla en una escuela de ingeniería se transformó en un proyecto ambicioso que combinaría el poder de la imagen con el rigor científico para educar a una audiencia aún más amplia.
El Mundo sin Fin: más que una novela gráfica
La novela gráfica Le Monde sans Fin (El Mundo sin Fin) ofrece un enfoque único y accesible para hablar del cambio climático. El libro se presenta como una extensión visual y narrativa de las ideas que Jancovici había venido defendiendo en sus charlas, pero con la capacidad de llegar a un público más amplio gracias al arte de Blain. La primera parte del libro explica cómo los combustibles fósiles han sido fundamentales para el desarrollo de la civilización moderna, lo que incluye el auge de la industria, la urbanización masiva y los avances en la calidad de vida.
Jancovici utiliza la metáfora de los “superpoderes” proporcionados por las máquinas, que nos permiten hacer cosas como levantar objetos pesados, volar o transportar bienes a gran distancia. Esta analogía busca ilustrar cómo los combustibles fósiles han sido el motor detrás de estas innovaciones tecnológicas, haciéndonos más poderosos que nunca, pero también creando un sistema que depende de estos recursos no renovables. El libro, por lo tanto, no solo trata sobre el cambio climático, sino también sobre cómo nuestra civilización está estructurada en torno al uso intensivo de la energía, y cómo esta dependencia podría volverse insostenible si no se encuentran soluciones alternativas.
Una de las grandes sorpresas del libro es su defensa de la energía nuclear, algo que Jancovici aborda de manera franca y decidida. A pesar de la percepción generalizada de que la energía nuclear es peligrosa, Jancovici defiende su uso, argumentando que no produce emisiones de dióxido de carbono y que, con la debida regulación, podría ser una parte importante de la solución para mitigar el cambio climático. Esta postura contrasta con la visión popular de que la energía nuclear es una de las principales amenazas para la salud humana y el medio ambiente. Jancovici, al igual que muchos otros expertos, sostiene que los beneficios de la energía nuclear superan con creces los riesgos, especialmente cuando se compara con las muertes causadas por otros riesgos más comunes, como los accidentes de tráfico.
A pesar de su énfasis en la energía nuclear, el libro también ofrece una crítica a las energías renovables. Aunque las reconoce como una parte importante de la solución, Jancovici sostiene que no son suficientes por sí solas para sostener la civilización industrial tal como la conocemos. De hecho, argumenta que las energías renovables, aunque positivas, tienen limitaciones significativas que deben ser entendidas para evitar crear falsas expectativas.
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A lo largo del libro, Jancovici y Blain ofrecen una visión realista del futuro, donde la transición de los combustibles fósiles a fuentes de energía más sostenibles no será fácil ni rápida. A pesar de la urgente necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, los autores sostienen que la solución no será una tarea sencilla debido a la profunda interconexión de los combustibles fósiles con todos los aspectos de la vida moderna.
El libro también se enfrenta a los malentendidos comunes sobre el cambio climático. En lugar de ofrecer soluciones simplistas, El Mundo sin Fin describe el reto de manera honesta y directa, reconociendo que no existen soluciones fáciles ni respuestas rápidas. Sin embargo, lo que queda claro a lo largo de las páginas es que, aunque la transición será difícil, es necesaria para garantizar un futuro sostenible.
El impacto de Le Monde sans Fin en la sociedad francesa y más allá ha sido significativo. En un momento en que el cambio climático se presenta como uno de los desafíos más grandes a nivel global, la novela gráfica ha logrado transmitir un mensaje importante sobre la necesidad de cambiar la forma en que entendemos y usamos la energía. Jancovici y Blain han ofrecido a los lectores una ventana a las complejidades del cambio climático y la transición energética, utilizando el cómic como una herramienta poderosa para educar, inspirar y generar un debate significativo.
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